Lugar y presencia: Safety Not Guaranteed

by • June 6, 2013 • Notas desde aquí abajo, Volume 09Comments (0)1135

Por Marco Antonio Raya

La creencia en el sigilo de una idea que roza la normalidad y la rompe, punzando como una aguja un globo. El vector de ese pensamiento atraviesa una tangente con aristas, y desgarra pequeños núcleos de piel en el camino, como un cierto precio a pagar por reinventar lo real, escorando hacia uno u otro lado. Pero desde fuera, ni más ni menos que un hombre. Un problema y una solución.

En el corazón del delirio hay un intento desesperado por establecer los puentes que permitan acceder al Otro. En el corazón de la creación, estos puentes están implícitos como consecuencia que escapa al control del creador mismo, como emanación del acontecimiento. Sembrar nuevos significantes, el anhelo del empuje. Un baño de significados, unas arenas que se mueven bajo los pies del sujeto sin hebra.

En Safety not guaranteed asistimos con una suavidad exquisita a la posibilidad de un gran engaño, de una realidad alternativa o de un delirio compartido. Ambos generan un real que comparte estancia con la posibilidad de su contrario y ambos son aceptados con cierto deleite. Porque quizá, en este caso narrativo, lo que importe sea la capacidad de las tres opciones de generar a ambos protagonistas un lugar, un sitio, más allá de su capacidad de suceder como tangible objetivo de cada una de las posibilidades. Hay tres alternativas. Las tres son resoluciones. Las tres generan un arco contingente que disminuye, de alguna manera, el dolor.

Y en ocasiones, el espectador mira con envidia esa entrega del constructor de la máquina del tiempo hacia un quehacer, un objeto que contiene y sostiene el grito desesperado que, por una vez, se oye y es respondido. La demanda cubierta, como siempre, a medias, pero reconocida al fin como presencia y categoría indiscutible de lugar, de reconocimiento.

La película de Trevorrow puede verse como una historia de amor entre desviaciones de la norma, puede verse como un delirio del espectador, fantasía que arropa un poco de anhelo de absoluto y magia blanca, tan efectiva y necesaria. Pero también puede verse como el derecho ejercido a la interpretación subjetiva, al establecimiento de una posición en el mundo, a un sufrimiento, por una vez, con respuesta.
La capacidad de la narración de ser inabarcable.

La posibilidad de la narración como intento de resolución del problema, instrumento de aire circulante, libre, a pesar de toda estructura de emisión.

Un emblema contra la avaricia de lo establecido. Un sutil y consistente, humilde, Poema.

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