The act of killing

by • September 12, 2013 • His Girl Friday, Notas desde aquí abajo, Volume 12Comments (0)2136

Por: Elena Ponce

“No he visto una película tan potente, surreal y terrorífica en al menos una década”

Estas son las palabras del gran director de cine y documentalista alemán Werner Herzog a partir de las cuales esperaba con mucha inquietud y curiosidad el estreno de The act of killing .

De un hecho histórico que no ha tenido prácticamente cobertura mediática, nace el punto de partida de este film documental; narrar por primera vez abiertamente la caza de comunistas que se llevó a cabo en Indonesia durante la década de los 60, después de un golpe de estado militar, y que conllevó la muerte de aproximadamente un millón y medio de personas. Joshua Oppenheimer, el director de la película, tras conocer en Indonesia a algunos supervivientes de la masacre pudo ser testigo de la situación que vive el país actualmente, en la que una buena parte de la población sigue viviendo completamente aterrorizada por la situación y lo más grave de todo, cómo los responsables del genocidio siguen en el poder y celebrando abiertamente lo ocurrido en el pasado. Después de recibir amenazas tras el trato con opositores del gobierno que querían explicar lo ocurrido, Oppenheimer cambia la perspectiva de su investigación y decide proponer a algunos de los responsables de los crímenes o gángsteres,  así llamados en Indonesia los que llevaban a cabo la búsqueda y ejecución de comunistas, si quieren participar en un film explicando lo ocurrido. Y sorpresa la suya cuando no sólo aceptaron encantados y orgullosos aportar su testimonio, sino que además se propusieron para representarle en pequeños escenarios de ficción cómo se llevaron a cabo esos asesinatos. Es a partir de esta “extraña situación” que The act of killing empieza a rodarse a si misma.

“Ríanse si lo necesitan”, decía Oppenheimer en la presentación del film en el pasado festival SXSW, y es que dentro de la gravedad del asunto, toda la salvajada que se nos presenta se convierte a veces en un espectáculo surrealista y macabro que nos puede dejar incrédulos y escépticos ante el panorama. La película se desarrolla utilizando como hilo narrativo el testimonio de Anwar Kongo, uno de los gángsteres más temidos del lugar, pero también se sirve en buena medida de imágenes de actos públicos, programas de televisión e intervenciones del resto de instituciones apoyando y aplaudiendo sus hazañas. Es por eso que el surrealismo de la actuación de ciertos personajes, no se aleja del delirio brutal en el que se ve inmersa la sociedad indonesa. Pero más allá de todo esto, nos damos cuenta de que la sensación de incomodidad y vértigo acecha en todo momento, y es que el espectador asiste a algo de lo que se siente demasiado partícipe, ya que se identifica como ser humano en el desarrollo de un personaje real que podría perfectamente haber sido creado por un guionista. Asistimos a las reflexiones de Anwar Kongo, pero también asistimos a sus largos silencios, a sus miradas absortas… y a veces no podemos llegar a entender cómo es capaz de sentirse orgulloso de llevar a cabo “el acto de matar”, pero luego vemos que hay algo en él que tampoco acaba de comprender qué es exactamente lo que conlleva ese acto. Es entonces cuando el documental alcanza su mayor reto, cuando no sólo somos capaces de imaginar la sensación de incomprensión que debió sentir Oppenheimer ante la perversidad de lo que estaba contando, sino que además también la sentimos y nos hastía. Se refleja en cada meditada decisión de guión la necesidad de saber más e intentar salir del confuso agujero negro en el que nos vamos metiendo. La pregunta ¿no se dan cuenta de que no es motivo de orgullo asesinar alguien? queda implícitamente resuelta cuando Oppenheimer decide registrar los perplejos momentos en los que los protagonistas del film observan sus propias “actuaciones” y las comentan.

En todo momento notamos la presencia de una cámara situada ante algo que va más allá de la comprensión de quien quiere contarlo, pero que consigue dejar algo bien claro; The act of killing no es una historia sobre unos terribles asesinatos políticos que se cometieron en Indonesia, es una historia sobre la condición humana, sobre todos nosotros. Y es por ello que la pesadilla que nos invade durante dos horas y media se convierte en algo necesario, y supongo que no sólo por su magnitud e importancia periodística como documento histórico y social, sino también por su capacidad de hacernos reflexionar sobre lo que somos, lo que hemos sido y lo que podemos llegar a ser.

Tráiler:

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