Encuentros en la tercera fase (lumínica)

by • October 8, 2016 • Conciertos, MosaicoComments (0)852

Texto: Xevi Bruguera
Fotos: Verónica González, Karam
Ilustraciones: Albert Brullet

Al principio sólo había oscuridad, y un punto de luz. Un lienzo infinito dónde se debía plasmar todo un universo, y ese universo estaba contenido en un punto, una aglomeración de energía y materia a punto de explotar, en apariencia una simple esfera brillante, pero guardando en su interior todos los planetas, las estrellas, los colores, todo lo posible, esperando su materialización en algo tangible, algo experimentable. ¿Que hubiera sucedido si tuviéramos dos puntos de luz, uno frente al otro, proponiendo dos universos, parecidos pero diferentes, preparados para ser saboreados uno a continuación del otro, en cierta manera hermanos, pero inconfundiblemente diferentes? Pues que los llamaría Raul para que actuaran en el Artclic!, en el Arc Cafè Cultural, y nosotros iríamos a verlos en primera fila, claro está.

Y pese al exceso cosmológico e hiperbólico de mi introducción, tanto Marc Nürel como Voltereta crearon dos pequeños universos musicales, claramente diferenciados pero eminentemente parecidos, y es difícil separar mentalmente las emociones, las sensaciones que nos dejaron a los espectadores de sus dos actuaciones. Melodías evocadoras, con reminiscencias nórdicas (omnipresente inditrónica, múm, Lali Puna, el sello Morr Music), delicadas, reverberantes a veces, punzantes en alguna ocasión, retozando sobre colchones de pads luminosos, desarrollando espirales harmónicas en crescendos evanescentes. Música para paisajes infinitos, para naturalezas poderosas, para espacios abiertos, para pelis de Terrence Malik (si no fuera un poco ñoña).

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Pero no nos pasemos de frenada, esto no es new age ni el nuevo disco de Enya, hay muchos más matices, y sobre todo hay ritmo. En la entrevista que realizamos en el Radiocassette, el programa de Mataró Ràdio, el día antes de la actuación, hablamos en antena y off the record de esa tensión entre belleza y pista de baile, entre contemplación y movimiento. En el caso de Marc, mucha presencia de clicks and cuts, the glitchs, de ruiditos digitales, hablando mal, complementando bombos rotos, una huida más o menos consciente del 4×4 para dotar a las canciones de un ritmo más orgánico y liberar de la esclavitud en las dinámicas que provoca el bombo a negras de toda la vida. Más teniendo en cuenta la apuesta por los bajos sostenidos, aumentado el calado emocional pero creando la necesidad de unas percusiones muy vivas y dinámicas para no adormecer en exceso las composiciones.

Por su lado, Felipe, detrás de su alias Voltereta, nos contó esa maravillosa historia contenida en su último EP, Cabezas Bien Altas, surgida de su inconsciente a través de un extraño sueño. Apostando por las grabaciones de campo para aumentar la inmersión en sus temas, su música nos acarició suavemente en determinados momentos, sobre todo en los primeros 30 minutos de la actuación, hipnóticos y evocadores, tremendamente inmersivos, sintiendo la presencia del white noise, de los delays y reverbs, jugando con ellos en su justa medida, creando una capa líquida de sonido, dando ganas de zambullirse en su música. Segunda media hora más movida, bajos más punteados, bombos más claros, cajas más definidas, contándonos como sobrevivir a un tsunami con una sonrisa de oreja a oreja (genial La Isla Arrasada).

En definitiva, enorme segunda jornada de Artclic!, creando sinergias interesantísimas entre dos artistas que nos ofrecieron sus paisajes y sus universos interiores a través de dos interesantísimas actuaciones.

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