Alquimia tricéfala

by • December 22, 2016 • artclic, Conciertos, MosaicoComments (0)1249

Crónica de Xevi Bruguera
Fotos de Marc Latorre

Día 3 de diciembre. 3 artistas. Cada uno con actuaciones de 33 minutos de duración. El escenario, en medio de la pista, una mesa llena de aparatos situada en el centro de un triangulo equilátero inscrito en un círculo. En cada vértice del triangulo, una letra, la inicial de un ingrediente alquímico. Todos ellos elementos identificables con un ritual. La función de un ritual es, por definición, dotar a un gesto o un conjunto de gestos, de acciones, de un significado que va más allá de su sentido típico, de la naturaleza que emanan de forma directa. El ritual eleva el significado del gesto, de la acción que enmarca. En este caso, el ritual tiene reminiscencias alquímicas. La alquimia, una protociencia medieval, una forma de filosofía mística, que reducida a su forma más burda, podría definirse como la búsqueda del proceso que permite fabricar oro y/o plata, partiendo de materiales menos nobles.

Todo ello rodeando a la perfección la propuesta artística (¿musical? Se acepta a falta de una palabra mejor) que nos ofreció Artclic! en su penúltima cita. Contextualizando, dotando de cierto significado previo, preparando a la audiencia. Iba a decir dando color, pero creo que no seria la expresión más afortunada cuando se intenta explicar una propuesta que la inmensa mayoría podría identificar como monocromática, o mejor dicho acromática, ya que el negro, como todos sabemos, es la ausencia del mismo. Inmejorable la referencia alquímica, ya que la jornada trataba, entre otras cosas, de transformar sonidos que podríamos considerar en la mayoría de los casos como ruidos en algo más noble, algo más significativo, si no oro o plata, sí al menos obsidiana u ónix.

No quiero pecar de simplista. Para hablar de la música de Noir Noir, Heulen y Titan Arch tendríamos que ir más allá de los cuatro tópicos de siempre, del ruido, del negro, la oscuridad, el satanismo. Pero no estoy intentando escribir un libro, y no tengo ninguna duda que los artistas en cuestión no están incomodos con las citadas ideas. Si uno presta un poco de atención a su estética, sus nombres artísticos, su puesta en escena, verá que hay mucho de lo que acabo de explicar.

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Pero también es cierto que hay mucho más. En la entrevista a Noir Noir en el Radiocassete, David nos comentaba la asociación emocional preponderante de una forma casi absoluta, dictatorial, entre música y placer, música y alegría, o baile, o poder, pero en muy pocas ocasiones con incomodidad. La experiencia derivada de escuchar sonidos incomodos, atonales a veces, estridentes, es, como mínimo, original. Original porqué sonidos estridentes oímos muchos a lo largo de nuestras vidas mayoritariamente urbanitas, pero los oímos, no los escuchamos. En este tipo de conciertos, se nos saca de nuestra famosa “zona de confort”, y se nos obliga a encarar una nueva relación con el sonido, prestando atención a algo que nuestra mente nos pide que esquivemos, que rehuyamos.

Heulen inició el ritual, con mantras distorsionados, con toques de campanillas, con capas de ruido, con sonidos sacados directamente del entrechocar, el rayar, de dos metales. Sin ritmos, sin prácticamente concesiones musicales, sin armonías. Inmersión pura en el concepto, discurso sin inicios ni finales. Titan Arch continuó la jornada con más ritmos, y por tanto con más forma, con más discurrir, con asideros temporales para los oyentes. Capas de sonido muy ricas en matices, en el punto en que el ruido puede empezar a ser considerado música, o al revés, dependiendo de cada uno. Temas más ariscos, temas más asequibles, el monolito negro dando paso a la escultura abstracta. Noir Noir acabó la alquimia, ruido con brillos, con facetas, destellos electrónicos, white noise como keisaku, (la vara de madera utilizada por el maestro zen para evitar el adormecimiento de los discípulos durante la meditación), golpe en los tímpanos para volver a la atención que provoca la amenaza. Variedad de registros dentro del negro, negro azabache, negro carbón, negro ébano, grafito, dark ambient, noise, black metal, industrial, condensado en 33 minutos de una intensidad sensorial intimidante, catálogo de estilos para aquellos que busquen el matiz en la incomodidad, en el desasosiego.

Azufre, mercurio y sal como bases para crear oro. Heulen, Titan Arch y Noir Noir como médiums para transformar ruido en concepto.

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