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Swing frente al nazi, de Mike Zwerin

by • April 19, 2017 • Notas desde aquí abajoComments (0)457

Por Juan M. Morón 

Tocáis muy bien. Durante seis semanas tuvimos una maravillosa orquesta gitana. Ellos también eran buenos, pero salieron por la chimenea”. Auschwitz, finales de 1944.

Seguramente reseñar un libro sobre Jazz primigenio en una página dedicada a lo más indie de lo indie puede parecer algo fuera de lugar, pero como sucede con los artefactos culturales (que es a lo que nos dedicamos aquí abajo) realmente interesantes, en realidad este Swing contra el nazi trata sobre más cosas. Sobre resistencia y cabezonería, sobre músicos contra el mundo, sobre fiestas que duran hasta el amanecer, sobre gente libre en medio del horror, sobre extrañas relaciones, sobre vida y muerte. Y, como los lectores más vivos ya habrán adivinado, es un libro con nazis dentro, lo cual suele aumentar el interés y el morbo automáticamente. También, por esto mismo, trata sobre mirar al abismo y que éste te devuelva la mirada.

Por poner un poco de contexto, el jazz a finales de los años treinta y primeros cuarenta del siglo pasado estaba muy lejos de ser la música “para entendidos” que es hoy día, más bien era algo surgido de abajo de todo. Negros que se habían criado recogiendo algodón como el mismo Louis Armstrong soplaban con furia trompetas y saxos siguiendo ritmos frenéticos que empezaban a volver loca a la juventud de la época. La improvisación, el dejarse llevar por la ola, algo totalmente opuesto a seguir una partitura al pie de la letra, la convertían en algo libre de ataduras. It don’t mean a thing if it ain’t got the swing. Eso, en una sociedad maníaca del control como la de la Alemania nazi no gustaba demasiado. Para Goebbels era música hecha por judíos y negros. Música de monos. Una muy mala influencia para la juventud alemana, a la que por contra esa música le parecía lo más. ¿Quién quiere escuchar marchas militares y música de cámara teniendo veinte años y pudiendo pasar la noche bailando sin control? Los músicos que tocaban aquella música nueva y excitante eran cada vez más, la gente que acudía a divertirse con ellos también. Así que se prohibió. Lo cual no detuvo a un buen puñado de músicos y aficionados, solo lo hizo todo mucho más peligroso y en consecuencia más emocionante.

Swing frente al nazi es resultado de dos años de investigación y viajes por Europa entrevistando a supervivientes de aquellos días. Músicos, aficionados e incluso oficiales de la Luftwaffe y la SS. Y las historias que se cuentan son increíbles. Los Guetto Swingers tocando en el campo de concentración de Auschwitz y rezando por no ser los siguientes en “salir por la chimenea”, pilotos alemanes sintonizando emisoras británicas aprovechando que estaban bombardeando Londres para escuchar algo de Glenn Miller, músicos que fundían sus instrumentos porque nadie iba a tocar marchas militares con una trompeta de jazz, jóvenes rebeldes comportandose como punks antisitema en el mismo Berlín nazi a ritmo de swing… Pequeñas y no tan pequeñas historias de rebeliones individuales, de mirar hacia otro lado porque al final solo es música, de fiestas clandestinas que evitaban el toque de queda cerrando los locales con la gente dentro y durando toda la noche. Pequeñas historias a veces incómodas (“No me malinterprete, por favor, pero recuerdo aquellos tiempos como muy felices”, afirma un aficionado alemán en un momento dado del libro), a veces horribles y casi siempre reveladoras. Historias como la de esta fotografía:


“Aquí estoy yo, de uniforme, con un gitano, cuatro negros y un judío”, comenta orgulloso Dietrich Schulz-Kön, un fanático del jazz sobre el que ninguno de los entrevistados en el libro parece tener nada malo que decir pese a ser oficial (en la reserva) de la Luftwaffe. Un tipo que mientras negociaba la rendición con oficiales norteamericanos les preguntaba si por casualidad no tendrían algún disco de Count Basie por ahí.

Historias increíbles, pero ninguna tanto como la biografía que traza el autor sobre ese gitano de la foto, Django Reindhart, una figura imposible. Un gitano francés que se las apañó para ser total y absolutamente libre (como solo un gitano seminómada viviendo en una caravana podía ser) incluso durante la ocupación alemana. Un guitarrista genial y superdotado pese a tener media mano izquierda paralizada. El único músico de jazz de la época que podía mirar a la cara a un Louis Armstrong nacido fuera de Estados Unidos. Un vividor irredento, un músico sin igual, un rayo de pura luz en medio de la total oscuridad.

https://youtu.be/aZ308aOOX04

Y todavía una historia más, que es la de la gestación del propio libro. El autor no es una voz impersonal, sino alguien que duda, que se agobia durante el proceso de investigación, que nos muestra su desagrado o incluso su abierta incomodidad en ciertas entrevistas (la palma se la lleva la conversación con un antiguo oficial de las SS que no para de insistir que no era tan malo pese a haber pasado varios años en prisión por crímenes de guerra). Una persona que se va desgastando física y anímicamente y lo comparte sin pudor. Es un punto de vista actual y consciente frente a un montón de entrevistados que miran atrás muchas veces con nostalgia.

Mike Zwerin (1930-2010) era, además de crítico musical y escritor, y antes que todo eso, músico. Un músico de jazz que llegó a tocar, entre muchos otros, con Miles Davis, en las sesiones que darían lugar al Birth of Cool (la sagrada biblia del jazz moderno), y también cuenta en el libro un par de viajes para tocar en lugares como Sudáfrica en tiempos del Apartheid o la Polonia comunista. “Un enamorado del jazz jamás podría ser racista”, le dice alguien en Suráfrica. “Un enamorado del jazz jamás podría ser comunista”, le dicen en Polonia. “Ningún enamorado del jazz podría ser nazi”, le repiten varios de sus entrevistados alemanes. Paralelismos incuestionables entre totalitarismos, afirmaciones seguramente interesadas por parte de los aficionados al jazz, reflexiona el autor. Probablemente da igual.

El subtítulo del libro es El Jazz como metáfora de la libertad, y la idea que lo recorre podría resumirse con aquel lema que atravesaba todo el andamiaje transmedia que se inventaron Trent Reznor y sus Nine Inch Nails para su distópico Year Zero, esto es, Art is Resistance. Y algo de verdad debe haber ahí. 

Si no de qué iba nadie a querer encerrar a alguien en prisión por una canción.

Swing frente al nazi, el jazz como metáfora de la libertad, de Mike Zwerin, publicado por Es Pop Ediciones. Puedes escuchar la banda sonora oficial del libro pinchando aquí.

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