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Tatsumi & Masako y Cobb en el Mercat del Film

by • November 9, 2017 • aiguamoll, Conciertos, MosaicoComments (0)111

Por Xevi Bruguera

Los directos de música electrónica son un universo en si mismo. Libres de los corsés interpretativos que comportan la necesidad de juntar una banda en un escenario, de tocar instrumentos en directo, del papel canalizador del cantante, normalmente en su papel de frontman, se mueven en coordenadas muy diferentes a las que nos hemos acostumbrado, a lo largo de estos últimos 60 años de proliferación y de consolidación de los conciertos de música popular. Un live electrónico tiene todo tipo de variaciones y formatos, pero en la inmensa mayoría de ellos se cumplen unos parámetros comunes, que son los que acaban definiendo la calidad o la falta de la misma en cualquiera de ellos.

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El primero de todos, común con cualquier otra interpretación de música en vivo, es la calidad de la obra interpretada. Hablando coloquialmente, si las canciones son buenas o no lo son. En este aspecto, Tatsumi&Mansako, alter ego de Raul Sala, se presentaba en el espacio de Can Gasol con las cartas marcadas, cartas que sin duda derivan en una mano ganadora. Con el núcleo de la actuación sustentado en los temas pertenecientes a Fred Urbà, el EP de consolidación (para un servidor) del artista mataronense, que de momento sigue inédito, la calidad musical de la actuación estaba garantizada desde el primer momento.

El equilibrio entre belleza y energía, entre melancolía y optimismo, entre sutileza y agresividad, que se derrama por los 4 temas de esta pequeña obra maestra convierte su escucha en un viaje emocional de primer orden, en una experiencia musical mayúscula. La unanimidad al respecto entre los 4 privilegiados que hemos podido escucharlo previamente a su presentación en directo es indiscutible. Desde la línea de bajo que domina Geometria Orgànica, con un toque trotón ochentero, absolutamente adictiva, hasta el clímax distorsionado de Retòrica del Espai, que desemboca en un luminoso y calmado arpegio, frenando la agresividad intrínseca a las percusiones y el bajo, pasando por el giro a mitad de canción de Arquitectura líquida, donde el bajo empieza a burbujear, la percusión se transforma en un bombo-caja directo al estómago, y la melodía se cierra sobre si misma para acabarse cruzando con un nuevo arpegio en un encuentro melódico nacido de la ciberdelia y el techno luminosa y maximalista de principios de los noventa, Fred Urbà está repleto de momentazos musicales, de ganchos, de cambios, de diálogos electrónicos hablados en el idioma de la precisión sintética y el corazón humano. Todo ello aderezado por la calidad de los loops percusivos marca de la casa, con ese toque inditrónico a ratos, con los cambios de tempo en platos y cajas como una constante. Destacar también la calidad de los sonidos y las texturas utilizadas, ese punto buscado y encontrado entre estridencia y belleza, entre la caricia y la sacudida.

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Segundo punto básico para valorar un directo de electrónica: pues comprobar hasta que punto es realmente un directo. Hablando de forma coloquial, si estamos delante de darle al play a 4 loops pregrabados y poca cosa más, o si realmente hay espacio para la actuación y la improvisación. Esta característica, que puede resultar como mínimo curiosa para los neófitos, se explica por la naturaleza de la música electrónica, donde los sonidos son generados (valga la redundancia) electrónicamente, donde no hay un acto físico directo (rasgar las cuerdas de una guitarra, golpear unos platos) que genere el sonido que escuchamos. Para ello, es importante fijarse en el instrumental que utiliza el artista y su interacción con el mismo. Y en este aspecto, Tatsumi&Masako va sobrado. La presencia de una controladora multipistas, un teclado midi con sus knobs asignados, una tablet con otro teclado virtual, y un pedal de efectos, y la utilización continua de los mismos por parte de Raul, confirman la impresión de que están pasando cosas a tiempo real, en directo. No es extraño ver al artista necesitado de manos, cargando loops, tocando melodías en la Tablet, girando los knobs del teclado, apretando el pedal y jugando con el pitch bend, y a la vez apreciar las variaciones que sufren en directo los temas respecto a los originales, o entre diferentes conciertos.

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Tercer aspecto básico: los visuales. Debido a la naturaleza de “hombre orquestra” del músico electrónico en el directo, como se puede apreciar en mi explicación del párrafo anterior, el respaldo visual a través de proyecciones, efectos de luz y demás parafernalia es básico para dotar de cierto dinamismo a la actuación, para hacerla más amena al espectador, que en ausencia de ellas debe limitarse a observar a una persona más o menos agraciada o carismática tocar multitud de botones. A la vez, y debido al carácter instrumental de gran parte de la música hecha con máquinas, puede servir para dotar a la obra de un mensaje que de otra manera sería difícilmente apreciable.

De nuevo, la actuación de TiM puntúa muy alto en este aspecto. De la mano de Cobb, artista visual y músico electrónico habitual en la escena de Mataró, y en coordinación temática con las ideas de Raul, se nos presentaron imágenes impactantes sobre un futuro cada vez más presente, un futuro distópico de represión policial, de persecución y prohibición de ideas, de control estatal extremo, de perdida de intimidad y de libertad. Quizá le suene a alguno. A través de imágenes de antidisturbios, de fábricas, de explosiones nucleares, del omnipresente Gran Hermano, se nos transporta a la obra de George Orwell “1984”, de tremenda actualidad en los últimos tiempos. Las transiciones y la entrada de las imágenes tienen el toque Cobb inconfundible, con temblores, instantes borrosos, colores superpuestos, todo ello coordinado con la música y la narrativa del directo, destacando las cargas policiales coincidiendo con el clímax de Retòrica del Espai y el ominoso “we are the dead” final.

Si a todo lo descrito anteriormente le sumas un espacio con la calidad de sonido que ofrece Can Gasol, pues te sale lo que te sale: un viaje alucinante a lo mejor que puede ofrecer un concierto de música electrónica.

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