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Miqui Puig lanza su mejor disco hasta la fecha

by • July 1, 2022 • Local, Mosaico, Noticias, PortadaComments (0)153

¿Dónde comenzar la escucha de lo nuevo de Miqui Puig? ¿Dejamos el silencio sonando sobre la aguja y leemos? Notar el ambiente, el ozono, los ojos en blanco, la corbata o el pañuelo, el barro en las ruedas, el acid, los violines, las guitarras y los tambores. Miqui ha cogido carrerilla. Sus dos últimos LPs solistas son sobresalientes y hablar ahora de Casualidades es como escribir sobre La canción de Juan Perro o Viva Hate de Morrissey. Séptima entrega, chicles Brooklyn, Kiko Amat, la Barcelona del norte, el Turó Park, perros y singles, amor y motocicletas.

La primera cara se abre con un Miqui en la carretera, reflexionando a base de sintetizadores y percusiones, si es él la dirección o es la autopista la que manda. Noches de clubes, donde todo es una fiesta y él solo quiere repasar la historia de las canciones bellas. Miqui es capaz de hacerte bailar con una letra que te hace sentirte incompleto, con el sabor orgánico del que ha visto cómo la electrónica crece desde los cables infinitos a los ordenadores de las nuevas olas. Se llama PORS PUIG y es, como tiene que ser cualquier tema con el que se abre un disco, una declaración de intenciones. Cuando piensas que la toma es buena, aún añades unos coros femeninos magníficos, sacados de los últimos sueños tuvo Poch antes de marcharse en el camino entre Madrid y San Sebastián. Una carta en el cristal delantero del coche de Alejo Alberdi diciendo: “Necesitamos que la caja de ritmos baile con más alegría, necesitamos una chica que venga de otro Brasil”. Queralt Lahoz multiplica su voz hasta convertirse ella sola en una sección de voces postmoderna de la Motown. Y eso que podría pasar por Dolores Vargas con más autotune y mejores uñas.

Solo Miqui puede triunfar entre una generación que cada día le duele más al tragar y lo hace con CADERA DE MIMBRE, LA LEYENDA. Fotos en sepia, que salen de un cajón y se coge de la mano en un medio tiempo de playa con sol breve, con Irantzu Valencia, que susurra como una Marie Laforet en éxtasis disco -en el salón de su casa, claro-, “Miedo, cariño y cajas de ritmo”.

MAÑANA INFIERNO es como si David Sylvian volviera a juntarse con Robert Fripp en un club de dandies en el solo puede uno entrar con resaca de sake. Barcelona, ¿vas a preguntar a Miqui por Barcelona? En realidad deberías preguntar a Miqui por la vida, porque el llevó aceite para las lámparas de la casa de la bomba y agua para las flores de la entrada del Bagdad, él convirtió “La paloma” toda en una zona VIP. Esa es la manera en la que Miqui funciona, te hace sentir siempre importante. Como si estuviera a un minuto de sacarte un zumo de naranja recién hecho y llevara bajo el brazo una botellita de vodka con una sonrisa.

MI AMOR MIOPE, como los grandes que usan gafas en la clandestinidad, como Sergio escribiendo en una vieja máquina de escribir cinco minutos antes de ponerse lentillas. Recuerda aquella banda de salvajes elegantes que representaban al capitán Puig tocando rancheras con letras de los Planetas. Un abismo de gemidos que nos recuerdan que algo de música disco siempre viene bien con la llegada del verano. Teclados y voces, voces y teclados. Y esos dedos llenos de polvo de rebuscar en las cubetas de las ferias de discos la percusión de tecladillo perfecta que engañaría al Rubén Blades de 1983. O a Lou Reed (guiño guiño). A veces pienso que la suciedad que se nos queda en las huellas dactilares nos convertería en otra persona si nos ficharan, como en las películas.

YO NO QUERIA ESTAR ALLÍ cierra la cara A. Dice Miqui que es un merengue. Yo digo que es un poco de kautrock pasado por cumbia lunática, acelerado como una sintonía de la Vuelta a España con arreglos de Víctor Coyote pasado de quemaida. Solo escuchar el fraseo pegado a la raya, un poco del Andrés Calamaro armado de un sampler y escuchando a Zitarrosa y a los Beastie Boys a la vez, mezclando. Yo siempre quiero estar junto a ti, Miqui. Allí donde estés.

Una cara B. Dicen que son siempre más oscuras. Llevo linterna y pilas.

PROPAGANDA y las Harny Roots, y Toni Piké, desde Ibiza al vicio luminoso. No importa la cantidad, es la calidad. Vale lo mismo para las sustancias y para las canciones. Volvemos a ese momento en el que los hijos de Grace Jones se suben a la barra e improvisan un estribillo a lo Stromae. Tú me dijiste que Antonio Escohotado había dejado en herencia una pipa de opio y un libro de filosofía alemana. Quizá también una camisa remangada de seda blanca. Y una cita a Ciudad Jardín. Emmanuelle Negra. Nico Fidenco pidiendo una oportunidad. Baile y baile. Versión maxi. Medir la vida en pulgadas de la edición de vinilo. Corta, corta. Una sobre el espejo de la vida. La última. No recuerdo cuándo fue. Ahora un poco de acid, se vienen Ferran Palau y El Petit de Cal Eril, dicen que hay algo de metafísico en su encuentro. Basquiat y Moloko. Freak Power y un susurro de hidrógeno en la médula de las programaciones. Más coros, más coros. Mira bajo la gabardina, ahí esconden las mejores alas los ángeles.

LA CASA ITALIA, no hay más que decir, un interludio, una ragazza que llama a Carlos Berlanga y él acude con sus tazas de té favoritas. La gasolina habrá que repartirla entre el grupo electrógeno y volver a casa. Miqui Puig ha jugado en este LP de manera sobresaliente con los coros femeninos, haciendo que su voz de cantante enamorado tenga los mejores aromas a lo largo de todo el disco, demostrando que la sencillez no tiene nada que ver con lo simplón. En este LP Miqui ha abandonado lo confesional narrativo para dejar su lugar a lo sugerente y evocador. Cualquiera de sus temas te llevan a un momento de tu vida, de la suya, en realidad, porque el fan de Miqui, como el de Moz, como el de Gainsbourg, comparte su vida con la tuya.

El cierre ochentero con un tema LOS DECENTES que tiene más rock que la mayor parte de los que decidieron bajarse del inglés en el Tibidabo y tratar de contar algo. Sin fisuras, los hermanos Mertanen han decidido volver al viejo Korg y acelerar la vida. Una vez más un disco enorme, que sorprende, un viraje, el enésimo, un revisionismo bien entendido de la música de baile con letras que trabajan la evocación. Tras dos discos que eran casi recopilaciones de relatos cortos, Miqui ha vuelto a la pista, un rato en los platos y otra moviendo las caderas. El amo. El puto amo.

Texto: Octavio Gómez Milián
Foto: Santi Trullenque

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