Hannibal

by • June 6, 2013 • Discursos Acelerados, Notas desde aquí abajo, Volume 09Comments (0)1302

Por Daniel Lasmarías

 

Renovada, contra pronóstico, “Hannibal”, la estupenda serie de la NBC. Contra pronóstico por las bajas audiencias, por lo macabro de muchas de sus escenas (recordemos que se emite en abierto) y por su propia naturaleza como show (reposado, reflexivo y opaco). Y aquí hemos abierto el champán, porque “Hannibal” mola y porque Mads Mikelsen mola, mola mucho.

Hannibal es un psicópata, eso está claro. Uno elegante (esos trajes) y refinado. Mata gente y se los come… y eso le hace feliz, o eso parece.

Junto/frente a él están los buenos, gente intensa y triste. Hannibal parece disfrutar de su vida, los demás sufren la suya. Sufren la enfermedad, sufren por sus errores del pasado o ante la vista del horror puro. Algunos empatizan de manera enfermiza, otros guardan oscuros secretos. No se aceptan tal como son, no se quieren y no quieren ser felices. El mundo es un lugar feo y gris, el mundo es Baltimore.

Y allí está Hannibal, ese dios del mal, que con esos mimbres, esos hombres del FBI, se teje su propio traje de humanidad. Los utiliza para crearse una vida que no tiene. Se crea una familia, se crea una amistad. Pero no es una verdadera familia ni una verdadera amistad, es un simulacro controlado, un juego mental, una mentira.

“Hannibal” nos cuenta esto, la construcción de una mentira. Lo hace a paso de tortuga, saboreando cada bocado, cada muerte cruel, cada sesión terapeútica. “Hannibal” nos habla de un psicópata elaborando un plato majestuoso, una delicia culinaria. Hannibal se está cocinando un rostro humano y lo hace con amor y delicadeza, porque él ama cocinar.

Y Mikelsen, imperturbable. El rostro del asesino, engañando al FBI y engañándonos a nosotros. Esa presencia física imponente, esa forma de vestir y de hablar. El actor construye a un personaje que se dedica a construir una mentira… en la cuerda floja, el danés sale victorioso del reto.

“Hannibal” se nos presenta opaca. Las muertes, crueles e imaginativas, no ocultan que el verdadero enigma de la serie se encuentra tras los ojos de su no-protagonista (Lecter, siempre en segundo plano, siempre manipulando en la sombra). Junto/frente a él, la empatía de Will Graham, ese exceso de humanidad, tan parecido a la locura.

La enfermedad mental, el dolor, la terapia, la familia, la empatía, la cocina… los personajes de la serie hablan constantemente sobre eso. Hablan entre ellos, hablan frente a frente mientras comen o en una sala mientras se someten a terapia, o ante una clase o bajo un totem hecho con miembros humanos. Hablan y hablan y junto/frente a ellos el psiquiatra, Hannibal Lecter, los escucha mientras piensa en cual será el siguiente ingrediente de su obra maestra.

Porque Hannibal, además de una mentira, se está cocinando una vida.

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